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RESPONSABILIDAD AFECTIVA

La responsabilidad afectiva es un concepto esencial para construir relaciones saludables y satisfactorias. Es importante entender que nuestra forma de vincularnos con los demás puede tener un gran impacto emocional en ambas partes, por lo que es fundamental ser conscientes de nuestras acciones y emociones, así como de las de las personas con las que nos relacionamos.

La responsabilidad afectiva implica ser cuidadosos y respetuosos en nuestras relaciones, fomentando la comunicación, el cariño y la reciprocidad en todo momento. No se trata solo de preocuparnos por el bienestar de la otra persona, sino también por el nuestro propio. De hecho, es necesario aprender a valorarnos y a poner límites cuando alguien no está dispuesto a proporcionarnos una relación sana y satisfactoria.

Es importante entender que la responsabilidad afectiva no se limita solo a las relaciones amorosas o sexuales, sino que se aplica a cualquier tipo de vínculo. Ya sea con amigos, familiares o parejas, es fundamental mantener una actitud responsable y consciente en todo momento para evitar dañar a otras personas o a nosotros mismos. Por lo tanto, practicar la responsabilidad afectiva es una forma de asegurarnos de que todas nuestras relaciones sean sanas y positivas.

¿QUÉ NO ES LA RESPONSABILIDAD AFECTIVA?

Primero y ante todo, la responsabilidad afectiva no es la obtención de todo lo que queremos y deseamos en una relación. No se trata de satisfacer todas las necesidades de la otra persona, sino de llegar a un acuerdo que sea beneficioso para ambas partes y que minimice el sufrimiento innecesario. Es importante tener en cuenta que hay ciertas demandas o peticiones que pueden no ser realistas o chocar con nuestras propias necesidades, y por lo tanto no deben ser satisfechas.

Además, la responsabilidad afectiva no implica la creación de una burbuja que nos proteja de todo daño o nos haga sentir bien en todo momento. En cualquier relación siempre existe una asincronía, y lo importante es tener herramientas para establecer relaciones equitativas y justas, sin importar la duración o el grado de intimidad de la relación.

Por último, es fundamental entender que la falta de responsabilidad afectiva no se limita a las relaciones románticas o sexuales, sino que puede darse en cualquier tipo de relación, ya sea de amistad, familiar o laboral. Si tienes dudas acerca de si has practicado o sufrido la falta de responsabilidad afectiva, es importante aprender a detectar las actitudes y fenómenos que pueden indicarlo para poder identificarlo a tiempo y tomar medidas para establecer relaciones más saludables y equitativas.

Te dejamos algunos ejemplos de algunas prácticas que suelen darse habitualmente y que por norma suelen generar mucho malestar e incertidumbre en la persona que las sufre:

Ghosting: desaparecer y cortar el contacto sin explicaciones.

Orbiting: al igual que el ghosting, implica cortar el contacto, pero la persona continúa revisando y dejando su huella en tus redes sociales.

Breadcrumbing: dar amor y atención en pequeñas dosis e intervalos intermitentes generando la ilusión de una futura relación.

Benching: dejar a alguien en el banquillo, te mantienen ahí por si su plan actual falla.

Hoovering: reaparecer en la vida de una expareja, con la intención de cubrir solo las necesidades individuales.

¿CÓMO TENER RESPONSABILIDAD AFECTIVA?

Tener responsabilidad afectiva es esencial para establecer relaciones sexuales y afectivas saludables y satisfactorias. Por eso, en esta ocasión te traigo algunos consejos para poner en práctica la responsabilidad afectiva en tus relaciones:

Analiza tus modelos relacionales: El primer paso para tener responsabilidad afectiva es entender cómo te has relacionado en el pasado y cómo te han enseñado a relacionarte. De esta forma, podrás identificar patrones tóxicos y trabajar en ellos para establecer relaciones más sanas y satisfactorias.

Cuestiona los mandatos familiares y sociales: A menudo, los mandatos sociales y familiares invisibles nos imponen formas de relacionarnos que no son saludables ni respetuosas. Cuestiona estos mandatos y establece tus propios valores y límites.

Practica la empatía y el respeto: La responsabilidad afectiva se basa en la empatía y el respeto hacia las demás personas. Escucha sus necesidades y límites, respeta sus decisiones y no hagas nada que pueda hacerles daño.

Aprende nuevas dinámicas y formas de relacionarte: La responsabilidad afectiva no es algo que se tenga de forma innata, sino que se aprende y se entrena. Aprende nuevas dinámicas y modos de afrontar las relaciones para poder establecer relaciones más saludables y satisfactorias.

Sé paciente y perseverante: La responsabilidad afectiva no es algo que se logre de la noche a la mañana. Requiere tiempo, esfuerzo y paciencia. No te desanimes si en los primeros intentos te cuesta incorporar nuevas formas de relacionarte. La práctica hace al maestro.

Recuerda que la responsabilidad afectiva es esencial para tener relaciones sexuales y afectivas saludables y satisfactorias

Te dejamos algunos ingredientes indispensables que no pueden faltar en tu despensa de las relaciones sanas:

Comunicar de forma clara y honesta: usar un estilo de comunicación asertiva en el que poder hablar con claridad y escuchar al otro realmente. Comunicar las emociones que estás sintiendo e interesarte genuinamente por lo que siente la otra persona.

Trazar límites: establecer límites claros, fuertes y conscientes. Esto no quiere decir que nuestras opiniones y necesidades sean inamovibles. Existirán límites que puedan ser flexibles, y otros que serán innegociables. Deben ser realistas y razonables. Validar los sentimientos: aceptar los sentimientos propios y del otro, sin minimizarlos ni restarles valor. Dejar que ambos podáis expresar cómo os sentís de forma equilibrada, los sentimientos de ambos son igual de importantes.

Asumir las consecuencias de nuestros actos: ser conscientes de que nuestras palabras y acciones tienen consecuencias en la otra persona. Un buen ejercicio es hacerse preguntas como: ¿Alguna persona está siendo dañada? ¿Hay alguna manera de evitar ese daño?

Entender que existen los conflictos: comprender que en una pareja existen desencuentros y que estos se deben asumir y resolver desde la calma, sin rehuirlos, usando formas de comunicación que no generen malentendidos.

LA RESPONSABILIDAD AFECTIVA EN PAREJA

La responsabilidad afectiva en pareja es esencial para el éxito de una relación. En la sociedad actual, el ritmo vertiginoso en el que se conocen y se dejan de conocer personas ha llevado a la naturalización de relaciones efímeras y la falta de cuidados. Por eso es importante que, como pareja, se establezcan algunas reglas para asegurar que la relación sea positiva y saludable para ambos.

Una de las reglas más importantes es conocerse a uno mismo. Antes de involucrarse en una relación de pareja, es esencial explorarse a uno mismo y encontrar aquellos aspectos que se deben mejorar para poder establecer una relación saludable. Además, es fundamental concebir las relaciones como algo en continua evolución y cambio. Las personas cambian, crecen y evolucionan, y las relaciones también deben hacerlo.

Otra regla fundamental es aprender a respetar la libertad y los límites de la otra persona. Cada individuo tiene sus propios límites y es importante respetarlos para evitar situaciones desagradables. Además, es esencial expresar de forma asertiva los sentimientos y deseos, y hacerse responsable de los propios sentimientos. Cada uno es responsable de sus propias emociones y es necesario que se entienda esto en la relación de pareja.

Finalmente, es importante que se decidan cuáles son las necesidades de cada uno y se intenten cubrir. Una relación de pareja tiene sentido si aporta y contribuye al crecimiento y bienestar de cada uno de sus miembros. Si la relación no está haciendo sentir bien a una de las partes, es esencial comunicarlo y buscar soluciones. Si se intenta mejorar la relación y aun así no funciona, puede ser el momento de ponerle fin para evitar sufrimientos innecesarios.

BIBLIOGRAFÍA
Martinez, M. Que sea amor del bueno. Barcelona: Zenith. 2022.
Esclapez, M. Me quiero, te quiero. Barcelona: Bruguera. 2022.
Easton, D. y Hardy, J. Ética promiscua. Editorial Melusina. 2013.

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